Apreciada familia rosarista:

Comparto con ustedes la Palabra que hemos venido reflexionando, durante estos días. En la última Cena dijo Jesús a sus discípulos: ´´el que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y habitaremos en él.  El que no me ama, no guarda mis palabras. Las palabras que me escuchan no son mías, sino del Padre que me envió. Les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes´´. Durante estos días hemos venido repitiendo el verbo ‘permanecer’: El amor deja impregnada el alma: Las palabras del Verbo que es Luz; desde que se encarnó nunca ha dejado de habitar en nosotros. Sus palabras quedan marcadas en nuestro corazón. A todos nos dice: el que me ama, guardará mis palabras; porque cuando amamos a alguien se nos quedan evidentes sus palabras; sus expresiones, sus textos….pensemos en los que ya no están y han dejado en nosotros frases, textos, recuerdos…el amor deja impregnada el alma de aquellas realidades fundamentales. Cuando se ama a alguien, se habita en esa persona. Pensemos: nuestro cuerpo es templo de la Trinidad, Dios  habita en cada uno de nosotros: somos conscientes de la inhabitación  ´´como *donación*  que Dios hace de Sí mismo al hombre, elevándolo hasta Sí e introduciéndolo en su vida eterna de conocí-miento y de amor´´?

Pues bien: Mi invitación es a permanecer en el amor. Hace 15 días celebramos el día de la familia; se vivió un día de mucha alegría, de compartir, de unidad familiar, algo muy bonito para nuestras niñas, para quienes buscamos la savia familiar y luchamos por mantener esos vínculos de amor, de fraternidad y de amistad. Busquemos por todos los medios mantener esos lazos de unidad que traen alegría y paz a las familias, a los hogares en donde se fomenta la armonía y el perdón. Agradecimientos por su presencia, colaboración y apoyo  en ese día tan especial para todos.

Les recuerdo que nos preparamos para la solemnidad de la Ascensión del Señor que celebramos dentro de estos cincuenta días de pascua y  nos disponemos a recibir al Espíritu Santo, promesa que nos hizo Jesús al subir al Padre. Oremos en familia.

Aprovechamos este espacio para hacer un reconocimiento especial a las madres en este mes de mayo, durante el cual se les rinde homenaje y se ponen bajo la protección de la Santísima Virgen, nuestra Madre del cielo. Una bendición especial para ellas, quienes se sacrifican y brindan un acompañamiento permanente en la formación de sus hijas.

La Santísima Virgen quien acompañó a los Apóstoles en el Cenáculo, acompañe todos nuestros planes y proyectos y nos ayude a ‘permanecer’ fieles en la fe a Jesucristo, nuestro Salvador.

Con especial afecto,

Sor Inés de Jesús Torres D.o.p.

Rectora.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *